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Reminiscencia sobre el amor y la soledad en noche de invierno

Enviado por El juglar del Sur el 16/09/2011 a las 18:30
El juglar del Sur

¿Por qué será que los ocasos del amor apagan las luces del alma?

Los acasos del amor, los quizás, los podría ser, los algún día.

Tal vez deberíamos poder vivir varias vidas para poder vivir aquello que no pudo ser.

Tal vez deberíamos vivir varias vidas para curarnos de las heridas del amor.

A veces está todo. Pero no hay nada. El vacío es esa extraña fuerza que nos impulsa a tocar esa puerta. A abrir ese horizonte. A surcar el abismo.

Los abismos de los corazones. La imposibilidad de comunicarse. El milagro del encuentro. Somos tan complejos que el encuentro es un don del cielo. Por eso el amor habita en la zona del misterio y de lo sagrado.

La inmensidad del horizonte. Los paisajes lunares. Siempre hay alguien inerme ante la infinitud sin cielo.

Hay algo que no se nos revelará. Hay algo que se nos desvanece delante de los ojos. Imagen de hechizo sobre el estanque. Un viento leve puede ser suficiente. Y los falsos oasis pueden dejarnos en la soledad de los desiertos.

Las desdichas del amor. Su vano encantamiento. Habitantes nocturnos ebrios de pieles que se evaporan. Las pieles de las noches de invierno que son refugio. Estamos aquí, del lado de adentro de la intemperie. Y eso es la única magia que nos preserva. El instante en que sentimos la plenitud de la presencia.

Tocar un alma es como tocar un pedazo de cielo. Un cielo con gusto a besos. Un néctar que enciende el deseo y la pasión. La vida es la perpetua búsqueda de los cielos cotidianos. El amor es una brújula hacia algo que no podemos terminar de definir. Pero que siempre nos vuelve a llamar.

Tocar una piel es un intento de tocar un alma. A veces sentimos esa alma. Y eso es emoción.

De nuevo es la noche que deja entreabierta un sendero hacia el sentimiento. A veces, es necesario estar en la soledad avanzada de la noche para sentir la plenitud de la luna.

La luna de los enamorados donde el tiempo se ha detenido. Amar es un encantamiento dulce donde el tiempo ha quedado abolido.

Quizás la felicidad sea ese fugaz salvajismo del presente en que se contempla un rostro, se acaricia una piel, se cruzan las miradas, se murmura un nombre, se grita un éxtasis.

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