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Contame tu condena, decime tu fracaso
Enviado por El juglar del Sur
el 02/10/2010 a las 23:50
La última curda es un tango triste y áspero. Como todos los tangos tristes, trata de lo que ya no está. De aquello que vuelve bajo el fantasma del recuerdo que es pesadilla. En la geografía del desencanto de la vida, La última curda nos ofrece las sentencias quizás más severas, pero, también, más verdaderas. La última curda habla sobre la vida. Sobre su dolor y su falta de sentido. Tango negro y sórdido, nos advierte sobre lo que alguna vez sospechamos y después supimos: “La vida es una herida absurda” Si una canción es la recreación de un paisaje, La última curda nos convoca a sentir sobre las miserias del amor y sobre la impotente necesidad de acallarlas. La última curda es la historia de un alma atormentada deambulando por el mar espeso del alcohol. Vocación de infierno. Destino de desolación. Pero el clímax se revela pleno cuando interroga sobre fracasos y condenas, en clave de confesión. Quizás allí es donde la poética y la dramática de la canción alcancen su altura de tesis existencial y psicológica. Haciéndonos intuir que la dimensión de nuestra tragedia tal vez pueda ser dicha en pocas palabras. Esas palabras que nos negamos a pronunciar pero que sabemos cuáles son. Aunque elijamos ahogarlas en alcohol, en silencios impostados o en cualquier vano espejismo en que prefiramos encandilarnos. Como todo buen tango, La última curda está allí, para cuando la necesitemos. Para recordarnos que ya sabemos lo que preferiríamos ignorar. Lo que puede resultar un alivio. Quizás.
La última curda Tango Música: Aníbal Troilo Letra: Cátulo Castillo
Lastima, bandoneón, mi corazón tu ronca maldición maleva... Tu lágrima de ron me lleva hasta el hondo bajo fondo donde el barro se subleva. ¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! La vida es una herida absurda, y es todo tan fugaz que es una curda, ¡nada más! mi confesión.
Contame tu condena, decime tu fracaso, ¿no ves la pena que me ha herido? Y hablame simplemente de aquel amor ausente tras un retazo del olvido. ¡Ya sé que te lastimo! ¡Ya se que te hago daño llorando mi sermón de vino!
Pero es el viejo amor que tiembla, bandoneón, y busca en el licor que aturde, la curda que al final termine la función corriéndole un telón al corazón. Un poco de recuerdo y sinsabor gotea tu rezongo lerdo. Marea tu licor y arrea la tropilla de la zurda al volcar la última curda. Cerrame el ventanal que arrastra el sol su lento caracol de sueño, ¿no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol?...
Etiquetas: angustia ultima curda ausencia desolacion
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Que agradable espacio, gracias por ...
Que agradable espacio, gracias por compartir.
Saludos