Al caer la tarde

La tarde que va cayendo.

Las luces que se encienden tapando la agonía del día.

De pronto podemos descubrir una ausencia, una presencia, o una esperanza.

La tarde cae y nos trae una paz fugaz que acompaña al silencio.

Hay un momento único en que no es día ni es noche.

Ese borde puede ser apertura o cierre.

Un momento de silencio puede revelarnos un sentido.

O ser apenas una señal de algo que no sabríamos descifrar.

La tarde avanzará despacio hasta convertirse en noche simple, en bruma, en densidad.

El pulso del tiempo y sus infinitos matices. Sus vaivenes.

A veces sabemos adonde debemos ir. Pero no siempre.

En las ciudades, algunas personas permanecen solas en las oficinas.

Y pueden sentir una extraña plenitud hecha de silencio y soledad.

Saben que la vida bulle en otra parte. En las calles, en los pubs, en hogares que aún pueden ser acogedores.

Pero postergan esa salida hacia el centro donde habitan las cosas.

Hay algo indómito que los retiene contra ese desierto de soledad y papel.

Hay algo que posterga la huida hacia el ancho mundo.

Saben que existe un momento preciso, ni antes ni después, para afrontar esa promesa del afuera.

Pero insisten en esos vanos ejercicios que forjan murallas.

Quizás parte de la magia sea saber que esas murallas sólo son parte de un juego que podrán quebrar con un simple golpe de voluntad.

Quizás han decidido impostar la existencia de muros ficticios que podrán derribarse con solo desearlo, para esconder la realidad cierta de otros muros, no menos ficticios, pero imposibles de doblegar.

En algún lugar de la ciudad alguien permanece en su reducto forjado con los retazos de una angustia que no podrá descifrar.

Por aquí yo creo que ya es momento de partir. Para vivir la única vida posible que ahora intuyo que pasa por afuera. Una bocanada de aire fresco.

Derribar los muros como quien derriba un castillo de naipes.

Quizás la noche incipiente nos muestra que los muros son apenas una ilusión del alma extraviada.

O que la vida está siempre del lado en que sentimos que puede estar.

Afuera de las cárceles imaginarias.

Maravilla de la libertad de volar.

De ser donde se quiera ser.

Encantos del devenir.

Sorpresas al caer la tarde.  

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